lunes, 17 de mayo de 2010

Light Spinnig y el tríste final del Abade Capitán.


Ha vuelto nuestro tiempo de "todos los días", ese que no te permite casi lanzar por estos nortes y te obliga indiscriminadamente a buscar refugio algo más al sur o moverte hacia el este, como han hecho muchos spinners de la geografía insular canaria.
Estos días atrás, antes de que comenzara el panorama que veo desde mi ventana en la mar, hubo tiempo para acercarse un ratito al veril y pasar una mañana de spinning en solitario.

El diluvio y la insistencia.

La insistencia es lo que a muchos les falta, algo que en ocasiones no se entiende el  por qué. Es algo que desde mi punto de vista determina el éxito en la pesca, evidentemente junto al conocimiento y la imprescindible suerte. Estos tres factores unidos en beneficio del pescador pueden hacer que vivamos una jornada inolvidable.  Es una opinión personal del individuo que escribe que por supuesto acepta diferentes interpretaciones de este tema.

La cuestión es que hace días, decidí plantarme en un pesquero conocido a las 9 de la mañana. Era la hora buena, en la que la marea me dejaba pescar donde yo quería y justo en el momento en que la mar comenzaba a "hechizar" a los escamudos con el reviro llenante.
Hoy he traído en una bobina del Sedonna un 10 lb que un amigo me ha regalado, el lo ve muy fino para pescar y tampoco era éste el destino que le tenía asignado.
Comienzo a lanzar, el viento es moderado con ánimos de aumentar pero deja pescar muy cómodamente. En menos de 10 minutos una nube negra me sobrevuela y comienzan a caer gotitas de agua... salpica pero no moja.
Seguro que ahora entra algo, seguro que ahora clavo... es mi pensamiento mientras recojo la muestra bajo una lluvia que cada vez moja más. Dos lances y ya estoy dando un suave cachete.
Comienza el diluvio, ahora llueve con fuerza y tardo más de la cuenta en poner en seco una bicu con el 10lb que llevo puesto. Agarro la bicu, corro a lo Usaim Bolt a por mí mochila (la Nikon, el móvil...) y me hago casi medio kilometro a toda leche para llegar al coche empapado. Estoy a punto de morir asfixiado.
Después de media hora al resguardo, ya cambiado de ropa voy a por la caña y el pez que he dejado sobre las piedras. Sólo por lo que me ha costado esa bicu, me la voy a llevar con más ganas, hoy mismo cae a la plancha. La retratera:


Ya ha pasado rato de la fuerte lluvia cuando el viento decide apoderarse de la situación y bastante de lado, pero la fina trenza ayuda lo suyo, y aunque no me siento muy seguro, sé que todo es cuestión de paciencia y tener cuidado. La marea ya hace rato que viene para arriba y decido probar en las cercanías. Me pateo todo el veril pero no hay señales de vida ni en superficie ni en las capas de agua más bajas.
Aún no es la hora... tienen que entrar, tienen que entrar... son mis pensamientos mientras me pierdo en divagaciones personales contemplando mi entorno.
Y así pasa una hora, y otra...hasta que zassss! Pegado.
Corre algo en el fondo, hace peso y por momentos pienso en pejerrey, pero sus cabezazos eléctricos y continuos lo delatan.
Luchó más de la cuenta por tener alojados los triples en la parte inferior de la cabeza, debajo de la mandíbula. En unos minutos de adrenalina, sin más ayuda que las olas y con una caña de 2,50 me hice con esta sierra, una de las pocas que han caído en este veril en lo que va de año:



Las sensaciones con el equipo light son increíbles, sientes todos y cada uno de los movimientos del pez y el feeling a la hora de animar paseantes, popers y minnows es inmejorable.
Pero soy algo escéptico y creo que es una buena opción para escenarios en los que no nos importa jugárnosla o no entrañan excesiva dificultad. La prueba estuvo bien, pero a no ser que haya viento considerable, de momento creo que seguiré en los veriles habituales con el 20 lb de Spiderwire y el 40 lb de Power pro y la Beast Master de 3.00.
En fin, después del pequeño túnido, otras picadas se sucedieron y algunas carreras más hubo, pero para su suerte se soltaban y me dejaban nuevamente "alterado", con ganas de más...
Así se me hicieron las dos de la tarde, hora en la que la mar ya casi me pasaba por las rodillas (en un veril en el que hace un año casi pierdo la rodilla izquierda) y decidí poner rumbo a casa.
La insistencia y ganas de pescar fue lo que me mantuvo en el veril pasando frío, viendo como hora tras hora nada rozaba un señuelo. No fue mucho, pero será que uno se conforma a veces con poco y vuelve a casa más que satisfecho y con las pilas cargadas para unos cuantos días.

Micteroperca fusca, pero no te da pena?

Después de pasar por casa y recoger un cuchillo y bolsas, me dirijo hacia los charcos para arreglar y "orear" el pescado antes de su preparación en la cocina.
Curiosamente de camino, me encuentro a amigos y conocidos en uno de esos múltiples garajes de pescador profesional que sirven a los susodichos de trastero donde guardar los aparejos y preparar las diabluras que realizan en el mar. Por la cantidad de expectación, me huelo que hoy ha entrado mucho pescado en las nasas... y como un ratón detrás del queso entro en el garaje y me quedo loco:
en varias cajas, descansan todavía vivitos y coleando unos 10-15 meros, más de 40-50 abades(a ojo) e igualmente un número desorbitado de samas. Todo eso ha salido de 3-4 nasas. Unas nasas que cumplen en toda regla la ley pero que matan indiscriminadamente tanto a grandes ejemplares como a los más pequeños. Allí habían meros de 20 kilos, pero también chiquitines de 4. Habían abades y samas hermosas y gorditas, pero también babys que aún no habían perdido la pluma. Indiscriminado a mi juicio, a pesar de que esos amigos del mar viven de eso, pero poco entienden de conservacionismo. Nada se tira. 
Mirando y mirando, me llama la atención un bicho que no veía in situ desde que era niño, uno que ya sólo recordaba por los libros y fotos: un abade capitán. Está aún muy vivo, casi no se deja coger, y después de pedir permiso para sacarle fotos, corro de nuevo a casa para buscar la cámara. Mi sierra y la bicu han de esperar.
Saco fotos a los meros y a sus captores que quieren un recuerdo, pero un ojo lo tengo en el abade amarillo, la pieza que todo el mundo comenta y con la que se quieren hacer una retratera.
La mayoria no las pongo por qué me parecen más propias de una cofradía que de un blogg en el que este individuo no comparte dicha filosofía de pesca. Pero este abade... bién merecia su foto:


Aquí es cuando se produce una de esas situaciones incomodas, sarcástica e igualmemente curiosa. He de decir que todo se basa en la pena que me daba a mí verlo en una caja junto con tanto abade y la pena que le daba al profesional desprenderse de él. Mi consideración tenía como punto de partida el hecho de que se había hecho una pesca muy buena, de las que hacía meses que ese barco no hacía, y teniendo en cuenta la cantidad de samas, meros y abades capturados, ese capitán por lo menos se merecía el indulto, y propuse el soltarlo, pues la marea la tenemos a 50 metros y ese abade aún estaba más que vivo.
- Oye, no crees que se merece soltarlo, te ha dado una pasada de parientes, que seguro han entrado todos en masa detrás del amarillo, deberías perdonarle la vida...
- Soltarlo?? Tú estás loco...déjalo en la caja que está mejor...
- Pero si le vas a sacar sólo 40€, te merece más la pena soltarlo hombre...
-Que no, que se queda aquí que luego no se sabe como viene el tiempo...
Pienso incluso en comprarlo, pagar para soltarlo...
Todo esto trascurría rodeado de gente común, profesionales y deportivos, pero todos muy apegados al mar y la pesca. Nadie dijo nada interesante, sólo sonrisas sarcásticas y comentarios pobres en argumentos que ya nos podemos imaginar y que sólo refuerzan mi convencimiento de que hay cosas que sólo se cambian con mucha educación social y fuerte presión de las instituciones públicas.
Para lo primero se precisan muchos años, para lo segundo, en fin, ya sabemos cómo están las cosas por aquí con lo público. Una vergüenza por cierto.
Pues nada, que uno hace lo que puede.

3 comentarios:

capitow dijo...

A mi me da una pena estas cosas... Ultimamente aqui en la redonda por lso riscos que frecuento se han dejado ver Abades (fusca) pequeños, cosa que no es muy común, los habia visto pocas veces en mi vida. Por supuesto, se van por donde vienen y es que sería interesante que la gente se concienciara, a ver si la poblacion de este precioso pez crece y se hacen granditos y mas comunes... Respecto a los profesionales, como dice una teoría de mi libro de filosofía el humano es el eterno insatisfecho, en este caso cuando hay bastantes pejes se coge lo máximo posible con el argumento de que el mar es muy grande y hay de sobra... Pero que pasará cuando falten?... a quejarse... Pero no toda la culpa la tienen ellos, sino los de arriba que les spermiten el uso de artes de pesca de dudoso arte...
Un saludo.

Femés Elvira, dijo...

Buenas capitow.
Muy de acuerdo con lo que comentas.

La verdad que es un problema social que se puede tratar desde varios puntos y dá para múcho:
Por un lado, pienso que tradicionalmente, estamos acostumbrados a obtener(pescando o comprando)pescado con la talla y peso que nos interese; amigos, familiares y cercanos es habitual que te recuerden que te acuerdes de ellos con una sama, un abade, un mero...pero que no sea muy grande(unos 3-4 kilos...), por eso del tamaño de la bandeja o para no tener que estar cortando, guardando...también es verdad que para guardar par de bichos de unos cuantos kilos, hay que tener congelador...
A mi modo de ver, por ejemplo, los 35 cm. que la consejería nos exige para capturar un abade me parece una locura, pues aún son ejemplares muy jóvenes, que aún puede que ni hayan contribuido a la reproducción y al ciclo de la vida como dios manda. Sin embargo, esos 35 cm. a más de uno le parecen suficiente como para matarlos en masa: no hay más que visitar algunas pescaderías.
Por si fuera poco, ahora la consejería parece querer empeorar el asunto con el nuevo catálogo de tallas...

Por otro lado, está el tema de los profesionales que viven de eso y no son conscientes del problema (sólo en Fuerte y El Hierro se han concienciado álgo) y los supuestos deportivos que practican la pesca más para llenar el congelador que por pasión. Eso sin contar a los que también viven de ello.
No sé, pero tengo la impresión de que se trata de otro problema más arraigado en la historia de hace años; años de abundancia que nada tienen que ver con el presente.

Lo de los abades pequeños que se ven por la redonda es curioso; estoy tratando de emularlos por aquí...jejej
Tu comentario ha hecho que haya tenido que consultar (por suerte) a un amigo lo de los "rubra" y "fusca": y finalmente, después de discutir con otro "medio entendido", deduzco que los primeros no están presentes en nuestra geografía insular y los segundos sí.
Gracias por la aclaración.
Saludos.

Pd: Aquí ya son artistas tal cuál (como un pintor le da a la brocha o un escultor al cincel), pues han hecho de estas labores una “noble”, sucia e indiscriminada pesca artesanal.

capitow dijo...

Yo intento ser optimista y pienso que tarde o temprano , igual que nos concienciamos nosotros,empezará a preocuparse más y más gente de los problemas que tenemos...
Un saludo!