domingo, 2 de mayo de 2010

Guardando fuerzas después del resbalón.


Han sido días de resguardo. Días en los que de nuevo nuestro clásico tiempo de primavera y verano hace que la pesca en sí sea cuestión de voluntad por mi parte.
La voluntad no me ha faltado, sobre todo a principios de semana, en los que Lunes y Martes me dediqué básicamente a continuar con los pateos por los veriles en busca de tranquilidad y simplemente, distracción. También hubo algo de jigging, pero como si no lo hubiese habido.
El Lunes me llevé un autentico bolo por la mañana, aprovechando que aún no se había presentado el temporal. Pero en cuatro horas tan sólo tuve un trancón en medio de las olas de lo que me pareció un pejerrey que atacó a un Roosta, pero que por suerte para él rápidamente se desanzuelo. 

Es sorprendente la cantidad de fragatas portuguesas (Physalia physalis) que se encuentran este año en la orilla y mar adentro. Unas medusas que como muchos saben pican una pasada con sólo rozarlas, hacen que se te irrite e inflame la piel y duelen lo suyo. Sus tentáculos se pegan a la piel, ropa... Unas cuantas picotadas ya me he llevado en varias ocasiones, por lo que prefiero evitarlas.
No hay dolor.
Cada vez que escucho esa frase, me acuerdo de Pepe Viñuela hace años cuando imitaba al mítico Rámbo y decía:
-No siento las piernas mi coronel, esto es un infiero!!! Mientras lloraba agazapado entre los matos...
A lo que el alto mando contestaba:
-No hay dolor soldado... Entonces el soldado se levanta...
Aquella escena siempre me hizo gracia, y aún hoy la recuerdo entre risas en alguna ocasión.
Al grano: el  Martes hubo un ratito para el jigging casero, ese que nos permite pescar cerca de casa sin grandes desplazamientos y normalmente nos depara buenos momentos. Dani, Aarón y el que escribe decidieron salir desde las dos de la tarde para volver cuando el cuerpo o el tiempo nos obligaran.
He de decir que nos movimos, lo intentamos en todos los fondos imaginables, pero nada.
Por si era póco, mis dos acompañantes, uno cansado y poco propenso a la insistencia, y el otro que tenía la cabeza en otros asuntos, decidieron poner rumbo a tierra y dejarme con unas ganas terribles de satisfacer una extraña sensación interior que aún hoy no acabo de definir.
Total, que a las 5:15 ya estábamos en el varadero y a las 6 ya estaba yo en soledad con mi equipo de spinning rondando los veriles costeros. La intención, de nuevo era caminar, sacar fotos y tentar algún escamudo en la magnífica tarde que se suponía antecedía al inminente temporal. Ahora nada me abligaba a marcharme...
Después de un buen rato caminando y sacando alguna retratara, llego a un veril ya conocido. Comienzo a lanzar y en poco tiempo algo plateado se deja ver entre la espuma que cubre toda la baja, pero las olas me fastidian un poco la acción del señuelo y este termina arrastrado por la espuma. Ya no supe más de aquella sombra plateada. Más y más lances con distintos señuelos pero nada.
El veril está tan vacio que casi ni lo reconozco cuando miro a un lado, y decido probar en zona nueva.
Entra en acción el Nabarone, y a los cinco minutos aprox. una enorme y agresiva cabeza sale del canto del veril, a unos cuatro metros de mí y se tira con rabia al minnow. La he visto y rápidamente reacciono, la clavo y comienza la fuga, pero ésta es tan bruta y rápida que en los dos primeros metros que saca del carrete, el EZ Spiderwire de 20lb parte a la altura del carrete y me deja con la cara más desilusionante, triste y tonta que recuerdo. No tenía el freno muy trancado, pero debería haberlo aflojado algo y por supuesto haber comprobado el hilo (sobre todo a la altura del dedal, que en ocasiones desgasta la trenza en esa zona), cosa que no hacía desde hace días. Me he quedado sin uno de mis señuelos favoritos, me ha dejado el equipo "desmontado" y lo peor, un tremendo bichito con más años que cascorro se llevó el engaño clavado junto con hilo y bajo. Un desastre. Debería haberme marchado.
Pero nada, mosqueado y rebuznanando rápidamente monto de nuevo y decido poner en acción un Saltiga 115. Pongo rumbo de nuevo a esa baja nueva en la que había dejado algo, y en la que iba a dejar más. Unos cuantos pasos con mis botas ya desgastadas, un pié mal fundado, resbalón y...al charco!
Este es el anticipo del resultado:
En una mano tengo la caña, y en la otra mi pequeña mochila en la que llevo lo imprescindible.
Apoyo las manos correctamente al caer (o eso creo), me llevo un costalazo sin importancia y la caña no sufre ningún golpe. Entonces me miro las manos y compruebo que tengo dos falanges de un dedo meñique torcidas hacia arriba... ahhhhh! Ya me partí el dedo!!!! Pienso mientras me agarro el maltrecho ñoño, y decido presionar como otras veces he visto, intentando encajar el puzle. No hay dolor!!
No sé como lo hice ni porque me dio por ahí, pero curiosa y fácilmente se colocó. Ahora sí que voy para casa..
Bueno, finalmente el dedo se hinchó, se puso algo oscuro pero después de que una radiografía confirmara que no había rotura del hueso, a día de hoy ya estoy pensando en dar unos cañonazos mañana Lunes, una semana después y de nuevo por los mismos veriles.
Eso sí, renovaré la precaución y llevaré unas botas nuevas.

2 comentarios:

David Martín Alcaraz dijo...

Niñoooo, cuídate, hombre de dios, que entre la pierna y los dedos vas a parecer un patchwork!
Para que luego digan que la pesca es una cosa de viejunos... no han visto por dónde nos metemos a veces :D
Ten cuidaíco que tienes que llegar entero al verano :D
ya te contaré el viaje bassero que ando preparando. Si sale bien y luego vienes, repetimos...
Cuando sepa algo de fechas te aviso.

Femés Elvira, dijo...

Me resbalé de la forma más tonta, tenias que haberme vísto...para estas cosas no hay remedio, ni solución.

Tú vete preparando el itinerario por allá arriba, que ya tengo gánas de que llegue el verano...
Suerte con los bass, pero acerdate y déjame alguno... Hablamos.