Buenas de nuevo.
Antes de comenzar esta historia, me gustaria dar las gracias a todos por los comentarios y los ánimos, tanto de los que han escrito como de los que sólo han visitado el blogg. Las historias que vivo muchas veces las comparto con ustedes a pié del veríl, y sin esa compañia las jornadas no serian lo mísmo. Muchas gracias.
Vamos al tema.
A veces nos quejamos demasiado del poco tiempo que disponemos para pescar o de la severa inclemencia del mar. Esto a muchos nos cabrea(a mí, por lo menos, me desquícia). Vemos durante días el mar con poca fuerza, el viento ideal, buena luna...y no podemos acercarnos a echar unos lances o salir un rato con el barco por culpa del trabajo, un lumbago, tareas pendientes.... Igualmente, otras veces sucede que disponemos de todo el tiempo del mundo para dejarnos la piel, y resulta que no hay casi litoral donde el viento o las olas no hagan impracticable la pesca horizontal o vertical. Es lo que hay.
Y claro, cuando el tiempo afloja, hay que aprovechar.Y désde la semana pasada hásta hoy, creo que lo he hecho. El tiempo nos está dando un pequeño respiro en forma del suaves vientos de este-sur-oeste(costantemente están rolando de dirección), lo que hace que la pesca desde orilla se pueda desarrollar en algunos lugares con garantías de dar con buenas capturas. No afloja el mar, pero por lo menos el viento nos deja divertirnos algo.
En éstos días atrás he tenido el gusto de pescar con el amigo David, un pescador de Granada, que de vez en cuando visita la isla por razones familiares. Nos conocimos en el foro "Pesca Deportiva en Canarias", y quedamos para ir de pesca cuando viniese a la isla, cosa de la que no me arrepiento. David dió sus primeros pasos hace años en esa escuela tan refinada que siempre me ha parecido la del agua dulce, recorriendo ríos y embalses detrás de los bass, lucios, truchas...De ahí pasó hace tiempo a la sal del mar, y no se le dá nada mal. Tuve el placér de disfrutar de su compañia y sus conocimientos, y como la pesca en agua dulce siempre me ha despertado una gran curiosidad, no desperdicié la oportunidad de disipar algunas dudas.
Durante dos días de pesca, recorrimos unos cuantos veriles y playas que podían darnos alguna alegría. Después de haber quedado la noche anterior y de que yo solucinara unos asuntos a primera hora de la mañana, quédo con David para conocernos en persona y salir con el coche pitando. Sin haber conversado mucho, partimos, ya habrá tiempo de hablar durante el trayecto(nos esperaba un pateo de 45 min.). Ya tenía claro donde íbamos a pescar, pero según ibamos llegando comtemplaba el estado del mar, que estaba muy tranquilo y me acordaba(tarde, demasiado tarde) de la fuerte lluvia que habia caido la noche anterior. Fuertes vientos del oeste y un chaparrón de escándalo hicieron volar antenas, romper lunas de coches, correr fuertemente algunos barrancos y producir desprendimientos. ¿Y a dónde va a parar el agua llena de barro y piedras de los barrancos? Al mar.
Pués eso, que llegando vimos como el agua embarrada había conquístado gran parte de la zona que íbamos a pescar. Decidímos movernos a una ensenada bastante protegida en la que el mar está muy tranquilo y no ha llegado el agua marrón. Además, conozco la zona y sé que las bicudas se suelen dejar ver, y de vez en cuando pejerreis y bocinegros hacen acto de presencia. Pero nada de nada, serán ya las 10 de la mañana y la cosa deja de prometer. De pronto,las agujas comienzan a atacar y tanto David como yo clavamos alguna que nos deleitan con bellos saltos fuera del agua. Vuelve a cesar la actividad y al poco otra vez David clava esta vez un pejerrei que se desanzuela sólo al poco de comenzar a pelear.
Cambio de lugar, aquí ya está todo hecho.
Cambio de lugar, aquí ya está todo hecho.
Continuamos con la búsqueda en coche de un lugar bueno que no esté afectado por el marrón del barro, y decidimos dárnos un pateo de 40 minutos caminando para llegar hasta un veríl que me encanta. El agua está un poco turbia, pero tiene buena pinta. El compañero sigue con el hierrito, y yo con un minnow amarillo/blanco. Nada de nada. Cambio de estrategia. Pongo un poper pequeño y no tardo en sufrir la embestida a mís piés de un pejerrei de unos dos-tres kl que hace volar el señuelo por los aires. Me enveneno al no clavarlo y sigo, y a los tres lances otro pejerrei, este de unos cinco-seis kl, vuelve a hacer volar el poper sin clavarse bién. Miro para David, que ha visto los dos atáques con cara entre amargura y asombro. Todavia hubo tiempo para otro ataque fallido al popper de éste último pejerrei.
Paro resignado, me siento a comer y descansar cinco minutos y vuelvo a lanzar a la zona donde se han producido los ataques y esta vez si que clavo algo, lo trabajo con cariño pero deprisita y pongo en tierra al pejerrei pequeño. Foto y rapidito para el agua. Decido seguir con los poppers, pero cámbio a un Roosta más grande que el Yozzury que estaba usando.
Paro resignado, me siento a comer y descansar cinco minutos y vuelvo a lanzar a la zona donde se han producido los ataques y esta vez si que clavo algo, lo trabajo con cariño pero deprisita y pongo en tierra al pejerrei pequeño. Foto y rapidito para el agua. Decido seguir con los poppers, pero cámbio a un Roosta más grande que el Yozzury que estaba usando.

Tuve el gusto de pescar otra tarde con David y compartir buena conversación, pero no hubo capturas y sí alguna tímida picada a los vinilos del amigo. Él sin embargo no perdió el tiempo ningún día de los estubo por aquí y aprovechó para conocer la costa y pelear alguna bicuda y pejerrey como éste.
Antes de ayer: Un día más, he quedado con Moisés(otro spinner de la isla), para madrugar e ir de pesca. Quedamos a las seis en su casa, pero como siempre ultimamente, algo sucede y la quedada se pospone hasta las 10,30 de la mañana; ¡Las 10,30 de la mañana, con un sol que parte las piedras! Mala hora, pensamos los dos, pero como ese día el mar aflojaba bastante, nos la jugamos y decidimos ir a investigar una zona que tiene buena pinta de lubina. De camino, paramos en otra zona que ya conocemos para aprovechar el viaje y comenzamos a lanzar, y otra vez es mi compañero quién pesca con jigs y yo con minnows. Ya no nos moveremos de aquí.Nada de nada, ni una sombra. El sol no dá tregua y decido moverme y probar en los espumerios que hay a mis lados.
En unos 20 minutos de pateo no siento nada cuado de pronto, "enroco" la muestra, y lo que parecia una piedra comienza a sacar hilo con fuerza y a meterse entre las piedras y charcos del fondo. Con la caña por encima de la cabeza para no rozar el hilo y partir, recupero poco a poco con suavidad pero con prisa, estoy en mala situación si viene una serie de olas. En nada lo pongo en seco y me quedo alucinado cuando lo veo: un precioso róbalo que en la pesa dió poco más de 6 kl, el más grande que he pillado hasta ahora. La emoción y la hora pudo conmigo y practicamente no pesqué más, estaba más que contento, satisfecho y lísto para volver a casa.
Durante esta última semana he disfrutado de muchos momentos de pesca con buenos compañeros, pero tengo dos días señalados en la masa gris que tardaré en olvidar algún tiempo: el día con mar achocolatado en que dos pejerreis rabiosos se ensañaron con los señuelos de superficie y el día en el que un lubinón conejero decidió coger rumbo a la mesa de mi cocina.
Un saludo.